| Historia de Misiones
Patrimonio Jesuítico
Reducción
Jesuítica de San Ignacio Miní
Nombre:
San Ignacio de Ipaumbucú ó Miní (recibió este nombre por haberse fundado después de la otra San Ignacio,
Guazú).
Ubicación: Departamento
Candelaria-Provincia de Misiones-Argentina-Latitud S 27° 20' - Longitud O 55° 32'.
Acceso: a 50 km. de Posadas,
2.500 metros de la Ruta
Nacional 12.
Situación dominal: 100% fiscal.
Status legal: Monumento Histórico nacional
( 1.983) - Decreto N° 2210. Monumento Histórico Provincial ( 1.969) - Ley
N° 510. Patrimonio de la Humanidad ( 1.984 ) - UNESCO.
Fundación y traslados: fundada a mediados
de 1610 por los Padres José Cataldino y Simón Masseta en la rivera
izquierda del río Paranápanema, en el Guairá, emigra con Loreto en 1631 y
otros pobladores de las reducciones guaireñas asoladas por los paulistas
bandeirantes, a las riberas del arroyo Yabebirí de la actual provincia de
Misiones. En 1696 después de algunos asientos provisionales, se
establece donde hoy se aprecia los valiosos restos de sus ruinas, en una
pequeña reserva fiscal del actual pueblo de San Ignacio.
Gobierno Civil y Eclesiástico:los
curas eran los administradores de los bienes de los indios y atendían todo
lo concerniente a lo espiritual, temporal, económico, cultural, social y
militar.
El Cabildo era la autoridad máxima en cada
reducción y estaba compuesto por los caciques. Los curas mantuvieron
la institución tradicional guaraní del cacigazgo.
En conjunto, la reducción dependía: del
Gobernador de Buenos Aires, de la Real Audiencia de Charcas, del Virrey del
Perú y del Rey de España. El cura y un compañero de cura
dependían: directamente del Superior de las Misiones que residía en
Candelaria, e indirectamente del Padre Provincial que residía en Córdoba.
Trazado Urbanístico de la Reducción:en
la etapa de fundación y traslados, los pueblos se construían sin una
definición muy precisa en lo urbano; la construcción fue precaria y
simple, en adobe, tapia y paja. Recién a fines del siglo XVII, luego
de la derrota de los bandeirantes en la batalla de Mbororé en 1641,
comienzan tiempos de seguridad y estabilidad. Es la etapa de los
asentamientos definitivos donde cada ciudad se organiza conforme a un
cuidadoso proyecto urbanístico, donde las edificaciones son de piedra y
maderas de ley. Los elementos constitutivos de la trama urbana son: la
plaza, el núcleo principal (templo, colegio, cementerio), las viviendas
indígenas, las calles y otras edificaciones.
La plaza constituye el elemento ordenador
del espacio urbano. Su forma es rectangular: 125 metros por 108
metros. Cercada por tres de sus lados por las tiras de
viviendas indígenas y el cabildo, mientras que el cuarto lado define sus
límites con el núclo principal. El suelo era de tierra (no de
césped), era el gran escenario donde se aseguraba la participación y la
persuación. Allí se concentraban todas las celebraciones cívicas y
religiosas.
Las calles estaban ornamentadas con
naranjos y limoneros. Dos de ellos tenían una relevancia
fundamental. Una era la que accedía al pueblo y terminaba frente a la
fachada del templo; la otra cruzaba frente al cementerio, templo, colegio,
talleres.
El núcleo principal compuesto por el
templo, a la derecha del mismo, en San Ignacio Miní, la residencia o
colegio y los talleres, se disponían en una sola línea de edificación
consecutiva en el lado sur de la plaza.
El templo era la primera edificación que
se levantaba en la reducción.
La Iglesia:en 1724 la
iglesia estaba o muy adelantada o casi concluída, cuando el entonces
Provincial de los jesuitas ordenó ese mismo año, que el
Hermano José Brasanelli se trasladara a ese pueblo y terminara su
construcción. Este medía 63 metros de largo por 30 de
ancho, con tres grandes puertas de entrada. La puerta principal tenía
3,37 metros de luz con varias
columnas a cada lado, en cuyos capiteles había relieves. En el piso
inmediato al altar mayor, entre otros, yacen los restos mortales de sus
primeros fundadores los Padres José Cataldino y Simón Masseta.
El inventario de la expulsión (1768)
describe "una Iglesia de tres naves, con media naranja en todo
cumplida, toda pintada y a trechos dorada, con su púlpito dorado, con
cuatro confesionarios, los dos con adornos de escultura y los otros dos de
obra común".
"Su altar mayor con su retablo grande
dorado".(Retablo:adorno de piedra o madera esculpida en que se apoya un
altar).
"Al lado derecho de dicha Iglesia tres
altares: el primero de Resurrección del Señor, con su retablo dorado; el
segundo de San José, con retablo menor, medio dorado; y el tercero del
mismo Santo, sin retablo".
"La capilla del Baptisterio con su
altar y retablo medio dorado, y pila bautismal, uno de piedra y la otra de
estaño".
"La sacristía y contrasacristía, y
en ellas y en la iglesia y retablos las estatuas, cuadros, láminas,
ornamnetos, plata labrada y demás adornos y utensilios del servicio de la
iglesia...".
El campanario de madera que sustituyó a
las viejas torres demolidas por orden del Provincial Querini de 1749,
situado en el patio de la residencia, tenía en 1768 "once campanas
grandes".
La residencia o colegio se componía de un
refectorio (habitación destinada para comedor) con su enterrefectorio, seis
aposentos y una biblioteca junto a la sacristía y su correspondiente patio
interno.
Los talleres contaban con cocina,
panadería, carpintería, herrería, platería y presumiblemente en el más
extenso local, los telares y su correspondiente patio de los talleres.
Detrás del colegio, el templo y el
cementerio se hallaba una extensa huerta orientada al sur.
En esta reducción existían dos edificios
de cotyguazú (para las viudas o mujeres con esposos ausentes) y una posada,
situadas al lado este de la plaza.
Las viviendas de los indios se ubicaban de
manera paralela a los lados de la plaza y en hileras hacia la periferia.
Siete a doce unidades o habitaciones
constituían una "manzana", que organizada como un elemento
cerrado estaba rodeada de galerías perimetrales.
Como otras edificaciones nombramos: los
tambos, ubicados libremente. Las carnicerías o "rastros"
junto a la huerta. Frecuentemente se repartía la carne a los
indígenas en el segundo patio del colegio. Olerías y galpones,
ubicados en la periferia del pueblo. Había ermitas y capillas de
libre ubicación.
La economía: se sustentaba
en la agricultura, la recolección de miel, la cría de ganado, la indstria,
las artesanías y el comercio.
Se cultivaba maíz,
mandioca, batata dulce,
caña de azúcar, legumbres con destino a la alimentación. Algodón
para obtener el hilo y el lienzo. Tabaco.
Muy importante pasó a ser el cultivo de la
yerba mate, que en un principio se cosechaba de los yerbales silvestres muy
apartados de las reducciones. La yerba era el producto de venta
necesario para sufragar los impuestos anuales al Rey. Existía en la
reducción un régimen agrícola-mixto. A cada familia indígena se le
otorgaba una parcela de tierra para el cultivo que era denominada abá-mbaé
o "propiedad del indio", la explotación de la misma era
controlada por los misioneros quienes vigilaban que los indios sembrasen y
cosechasen sus productos.
La parte de tierras pertenecientes a la
colectividad era llamada Tupá-mbaé o "propiedad de Dios".
Los indios cultivaban por turnos en estos terrenos comunales y se les pagaba
en especie. Los productos eran destinados para cubrir necesidades de
la comunidad, pagar el tributo al Rey, sostener a los misioneros,
incapacitados, enfermos, viudas, huérfanos, socorrer a los pueblos vecinos
en dificultades.
El producto de la ganadería, la yerba,
cosechas comunitarias y trabajos manuales ingresaba al Tupambaé, que se
encargaba de la exportación y venta.
Del inventario de la expulsión (1768)
tenemos información sobre el ganado de la estancia: 33.400 vacas, 1.409 caballos,
122 mulas mansas, 382 yeguas mansas, 7.356 ovejas , etc.
Ante la necesidad de una serie de
artículos para uso y consumo interno de los pueblos, los jesuitas
establecieron los talleres, donde los guaraníes aprendieron una serie de
oficios: carpintería, fabricación de vajilla, hornos para cocer tierra,
fundición de metales, tejeduría de algodón, confección de sombreros,
instrumentos musicales.
En las reducciones no circulaba dinero, por
lo que los jesuitas fijaron el valor de cambio para cada producto en el
interior de la Provincia, era una unidad monetaria ficticia, el peso hueco
(vacío); en base a él se cotizaban los productos. La unidad de peso
era la arroba (10.50 kg. aproximadamente) y la unidad lineal era la vara (83
cm.).
Educación y Arte: Como el objeto de las reducciones era enseñar la doctrina cristiana, la eduación, la catequización, la enseñanza en las escuelas y el arte estuvieron orientados hacia esa finalidad.
Iniciar a los guaraníes en los valores cristianos no fue sencillo para los padres misioneros, ya que debieron desterrar la hechicería y la poligamia, prácticas ancestrales de la cultura guaraní. Con mucho ingenio, los curas, para hacer comprensible sus enseñanzas se valieron del canto, la pintura, el teatro, la escultura y la danza.
A la escuela de primeras letras acudían los niños desde los 6 años. Aprendían a leer y escribir en guaraní. A los hijos de los caciques y autoridades comunales se les enseñaba además castellano y latín. La enseñanza se completaba con nociones de religón, urbanidad, aritmética y música. Las niñas aprendían costura, tejido y bordado.
En los primeros tiempos los maestros fueron los curas, hasta que se formaron los maestros indígenas.
En el arte jesuítico-guaraní prevaleció el tema religioso-cristiano. Los modelos que llegaban eran europeos. Los guaraníes fueron excelentes copistas de las estampas, dibujos, grabados e imágenes que llegaban.
Para las tallas en madera utilizaban el cedro, jacarandá y otras maderas nobles de la región.
Todo el arte se inscribió dentro de la corriente general de la época: el barroco.
Los guaraníes poseían una inclinación natural hacia la música, que junto con el rezo y la danza formaba parte del ritual religioso. Todas las iglesias tenían de 30 a 40 músicos. Los que no tenían buena voz, aprendían algún instrumento y los tocaban con mucha destreza: arpas, violines, espinetas, bajones, chirimías, clarines; al principio por enseñanza de los padres y luego con maestros indios.
La expulsión de los Jesuítas y Decadencia: El Rey Carlos III de España, firmó el Decreto de expulsión de los Jesuítas de los dominios españoles en 1767, pero recién se ejecutó en las Misiones en 1768.
A partir de esa fecha, el sistema se quebró abruptamente.
Las Ordenanzas del Gobernador de Buenos Aires Bucarelli separaban la atención espiritual de lo temporal.
La primera a cargo de sacerdotes mercedarios, dominicos y franciscanos que hablaban la lengua guaraní.
Lo temporal a cargo de administradores laicos que introdujeron el comercio con el exterior y liberaron progresivamente a los naturales del régimen de comunidad de bienes.
La decadencia demográfica estuvo íntimamente vinculada con la ruina material. Con la nueva administración se notaba la impericia de los administradores locales; "la mayoría ignoraba el manejo de caudales, desconocían lo que era la agricultura y las fábricas y no sabían ajustar una cuenta, todos requisitos escenciales para el cargo".
A esto se sumaba el despilfarro de los productos acumulados en los almacenes. Lo poco que se lograba exportar, apenas daba para impuestos y salarios de los administradores y sacerdotes; no quedaba nada para provecho de los indios.
Éstos, disconformes desertaban de las reducciones y el trabajo se volvía excesivo para los que permanecían. Otros factores de disminución poblacional fueron la desnutrición y las epidemias de viruela.
Con poca gente, las casas quedaban desocupadas. Los techos de tejas no se reparaban y la lluvia infiltrada pudría el maderamen y los tejados no tardaban en derrumbarse.
El año más funesto para ésta reducción y otras (Candelaria, Santa Ana, San Ignacio y Corpus) fue 1817, cuando tropas paraguayas invadieron, saquearon y quemaron estas reducciones, llevándose en carretas, dice el P. Hernández, "cuanto objeto de valor pudieran hallar" al Paraguay.
A pesar de esta destrucción, un grupo de guaraníes volvió a asentarse en el pueblo acaudillados por el indio Christaldo y permanecieron hasta 1821, año en el que los paraguayos asolaron
nuevamente los cinco pueblos
paranaenses.
Lentamente la vegetación fue avanzando sobre todo el conjunto abandonado.
Situación actual de los vestigios:
es la más completa de todas las reducciones. El monumento está
totalmente cercado y resguardado. Estos restos han sido reconstruidos
durante el período 1940-1950. Ello otorgó un carácter diferencial a
San Ignacio Miní, respecto a las demás ruinas.
Iglesia:sus muros laterales alcanzan la
altura total, sus
solados (revestimiento de un piso con ladrillos, losas etc.) están decorados y
presenta gran cantidad de piedras labradas, sobre todo el majestuoso portal
de entrada y el portal de acceso al Baptisterio, pero en ellas se nota el
paso del tiempo y de los cambios climáticos.
Colegio: con aulas, refectorio, cocina,
despensa, solados trabajados, rodeados de galerías con balaustradas.
En la parte posterior es notable la decoración de todos los pisos que va
cambiando delante de cada aula, presentando combinaciones de líneas
curvas y elementos vegetales que se van complicando a medida que avanza.
Talleres: con sus muros, ventanas, puertas,
galerías, ocupan una gran extensión junto a su patio.
Viviendas: Cotyguazú y casa de los indios:
más de una veintena de bloques donde se pueden observar detalles
constructivos empleados.
Cuenta con un:
Centro de Interpretación
Museo
Horario de atención: 7 a 19 horas, de lunes a lunes.
Espectáculo de Luz y Sonido a partir de las 19 horas.
Croquis: Programa Misiones Jesuíticas - Secretaria de Estado de Cultura - 1995.
Bibliografía:Carvallo, Casiano N.: "Síntesis de Historia de la Provincia de Misiones". Ediciones Montoya 1980.
Gutiérrez, Ramón: Tipologías urbanas de la misiones jesuíticas - "La arquitectura de las
misiones como mensaje" - Facultad de Humanidades -1995.
Brabo, Francisco J.: "Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los
jesuítas, etc."- Madrid 1872.
Amable María A., Dohmann Karina, Rojas Liliana M.: "Historia misionera una perspectiva integradora". Ediciones Montoya 1996.
Zárate Emilce A., Cambas Graciela, Cabral Arrechea Salvador, Maggi Gustavo: "Conjuntos
jesuíticos de guaraníes en la Provincia de Misiones" - Dirección General de Cultura - 1985.
"Plan Director" para el rescate, conservación y recuperación integral de las
misiones jesuíticas de la Provincia de Misiones - Argentina. Programa Misiones Jesuíticas - Secretaria de Estado de Cultura - 1995.
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página
Reducción
Jesuítica de Santa Ana
Ubicación: Departamento Candelaria - Provincia de Misiones - Argentina -
Latitud S 27º 23' - Longitud O 55º 33'.
Acceso: A 45 km. de Posadas, desde la Ruta Nacional 12 por camino vecinal consolidado (2.000 metros).
Situación dominal: 75% fiscal, 25% propiedad privada.
Status legal:
Monumento Histórico Nacional (1.983) - Decreto Nº 2210
Monumento histórico Provincial (1.969) - Ley Nº 510
Patrimonio de la Humanidad (1.984) - UNESCO
Nombre: Santa Ana.
Fundación y Traslados: Fundada en 1633 por los Padres Pedro Romero y Cristóbal de Mendoza,en las Sierras del Tapé, en el actual territorio riograndense(Brasil), en las cercanías de un pequeño tributario del río Yacuy. Huyendo de los paulistas bandeirantes, en 1638 emigra al oriente del río Paraná (a orillas del río Uruguay) y se asienta al pie del cerro Peruyé. En 1660 se estableció en su sitio definitivo, donde prosperó hasta su destrucción en 1817 a raíz de las invasiones de los paraguayos.
Gobierno civil y eclesiástico: Los curas eran los administradores de los bienes de los indios y atendían todo lo concerniente a lo espiritual, temporal,
económico, cultural, social y militar.
El Cabildo era la autoridad máxima en cada reducción y estaba compuesto por los caciques. Los curas mantuvieron la institución tradicional guaraní del cacicazgo.
En conjunto, la reducción dependía: del Gobernador de Buenos Aires, de la Real Audiencia de Charcas, del Virrey del Perú y del Rey de España.
El cura y un compañero de cura dependían: directamente del Superior de las Misiones que residía en Candelaria, e indirectamente del Padre Provincial que residía en Córdoba.
Trazado urbanístico de la reducción: En la etapa de fundación y trasados, los pueblos se construían sin una definición muy precisa en lo urbano; la construcción fue precaria y simple, en adobe, tapia y paja. Recién a fines del siglo XVII, luego de la derrota de los bandeirantes en la batalla de MBORORÉ en 1641, comienzan tiempos de seguridad y estabilidad. Es la etapa de los asentamientos definitivos, donde cada ciudad se
organiza conforme a un cuidadoso proyecto urbanístico, donde las edificaciones son de piedra y maderas de ley.
Los elementos constitutivos de la trama urbana son: la plaza, el núcleo principal (templo, colegio, cementerio), las viviendas indígenas, las calles y otras edificaciones.
La plaza:Constituía el elemento ordenador del espacio urbano. Cercada por tres de sus lados por las tiras de viviendas indígenas, mientras que el cuarto lado definía sus límites con el núcleo principal.
El suelo era de tierra (no de césped), era el gran escenario donde se aseguraba la participación y la persuación. Allí se concentaban todas las celebraciones cívicas y religiosas.
Las calles: Estaban ornamentadas con naranjos y limoneros. Dos de ellas tenían una relevancia fundamental. Una era la que accedía al pueblo y terminaba frente a la fachada del templo; la otra cruzaba frente al cotyguazú, cementerio, templo, colegio y talleres.
El núcleo principal compuesto por el templo. A la derecha del mismo, en Santa Ana, la residencia o colegio y los talleres, se disponían en una sola línea de edificación consecutiva. El templo era la primera edificación que se levantaba en la reducción.
El Templo: Presenta los rasgos distintivos del barroco. El atrio se encuentra ergido sobre una plataforma elevada 1,20 metros por encima del suelo natural.
Las piedras de asperón rosado de las paredes de la iglesia, los pilares y molduras revelan el cincel del gran arquitecto Hermano Coadjutor José Brasanelli (1691-1726), quien en 1725 construyó la iglesia, que fue una de las más hermosas de los treinta pueblos jesuíticos.
Los restos mortales del Hermano Brasanelli, fallecido en 1728, descansan bajo el altar mayor de la iglesia.
El Inventario de 1768 describe a la iglesia: "de tres naves, media naranja y perfectamente acabado". Tenía "un púlpito dorado y cuatro confesionarios de talla, dorados y pintados, un órgano grande y siete escaños de asiento para el cabildo. Cinco altares con sus buenos y dorados retablos; el altar mayor, con cuatro estatuas grandes, cuatro pequeñas alrededor del sagrario".
"Un baptisterio todo pintado, con su retablo dorado y su pila bautismal de lindo vidriado...... Una torre de madera con dos campanas grandes, dos medianas y dos chicas.....Una sacristía hermosa, perfectamente acabada y dorada..... su aguamanil de estaño para lavarse las manos el sacerdote que ha de celebrar....veinte estatuas de varios misterios
de Resurrección, Pasión y de otras festividades de la Iglesia, que están guardadas en la contrasacristía".
Colegio o Residencia: "La casa perfectamente acabada, con sus dos patios, huerta, cerca de piedra, refactorio, cocina y ocho aposentos de los que sirven para los religiosos, uno de los mayordomos, otro de la música, otro chico que servía para el indio portero; uno de los vestidos de cabildo y danzantes, cuatro almacenes, en el patio segundo dos aposentos; el uno de platería y el otro de herrería, dos piezas largas de los telares, un aposento de la panadería y otro de beneficiar miel, otro vacío para lo que se pueda ofrecer".
Cotyguazú:
"Junto al Cementerio, con cimientos de piedra y tres cuarta vara fuera de ellos también de piedra, lo restante de adobes, con un patio claustral con puerta en común 'las viudas, casadas cuyos maridos anden huídos y las de más y portero en la puerta, que controlaba accesos y salidas' alrededor del cual se sitúan las habitaciones".
Cementerio:
"Dividido en cuatro partes: los hombres eran enterrados aparte de las mujeres y los niños separados de las niñas. Cada una de aquellas partes eran iguales entre sí, se subdividían en ciertas parcelas con capacidad cada una para diez o doce cadáveres. Calles directas daban acceso al Norte, al Sur y a los costados, a las que daban sombra plantaciones de naranjos. Había también construída una capilla, en cuya parte superior estaba la cruz. Había dos puertas, una adherida a la pared del templo, otra a la Plaza".
Huerta:
"Situada detras de la Iglesia, Colegio y Talleres, estaba plantada de naranjos,
guayabas, bananas, palmeras, toda especie de legumbres y plantas medicinales. Con tres estanques a distintos niveles, el agua pasaba de uno al otro por conductos subterráneos. El piso de uno de los estanques está empedrado y sus costados realizados de piedras calzadas, los muros no son rectos, tienen una ligera curvatura para absorver el peso del agua".
Las viviendas de los indios: Se ubicaban de manera paralela a los lados de la plaza y en hileras hacia la
periferia.
Siete a doce unidades o habitaciones constituían una "manzana", que organizada como un elemento cerrado estaba rodeada de galerías perimetrales.
A veces estas viviendas múltiples de planta rectangular alargada, tenían locales sanitarios en sus extremos.
Como otras edificaciones nombramos:
Los tambos, ubicados libremente. Las carnicerías o "rastros" junto a la huerta. Frecuentemente se repartía la carne a los indígenas en el segundo patio. Olerías y galpones ubicados en la perifería del pueblo. Había ermitas.
La Economía: Se sustentaba en la agricultura, la recolección de miel, la cría de ganado, la industria, las artesanías y el comercio.
Se cutivaba maíz, mandioca, batata dulce, caña de azúcar y legumbres con destino a la alimentaciòn.
Algodón para obtener el hilo y el lienzo. Tabaco.
Muy importante pasó a ser el cultivo de la yerba mate, que en un principio se cosechaba de los yerbales silvestres muy apartados de las reducciones. La yerba era el producto de venta necesario para sufragar los impuestos anuales al Rey.
Existía en la reducción un régimen agrícola-mixto. A cada familia indígena se le otorgaba una parcela de tierra para el cultivo que era denominada abá-mbaé o "propiedad del indio", la explotación de la misma era controlada por los misioneros quienes vigilaban que los indios sembrasen y cosechasen sus productos.
La parte de tierras pertenecientes a la colectividad era llamada Tupá-mbaé o "propiedad de Dios". Los indios cultivaban por turnos en estos terrenos comunales y se les pagaba en especie. Los productos eran destinados para cubrir necesidades de la comunidad, pagar el tributo al Rey, sostener a los misioneros, incapacitados, enfermos, viudas, huérfanos, socorrer a los pueblos vecinos en dificultades.
El producto de la ganadería, la yerba, cosechas comunitarias y trabajos manuales ingresaba al Tupambaé, que se encargaba de la exportación y venta.
Del inventario de la expulsión (1768) tenemos información sobre el ganado de la estancia San Clemente: vacunos: 10.980 cabezas, yeguas, garañones y potrancas: 433, mulas
chúcaras: 352, mulas mansas: 48, caballos mansos: 450 etc.
En la estancia Quindi: vacunos: 22.000 cabezas, ovejas; 3.102, también había yeguas, mulas, burros,etc.
Ante la necesidad de una serie de artículos para uso y consumo interno de los pueblos, los
jesuitas establecieron los talleres, donde los guaraníes aprendieron una serie de oficios: carpintería, fabricación de vajilla, hornos para cocer tierra, fundición de metales, tejeduría de algodón, confección de sombreros, instrumentos musicales, etc.
En las reducciones no circulaba dinero, por lo que los jesuítas fijaron el valor de cambio para cada producto en el interior de la Provincia, era una unidad monetaria ficticia, el peso hueco(vacío); en base a él se cotizaban los productos. La unidad de peso era la arroba (10,50 kg. aproximadamente) y la unidad lineal era la vara (0,83 metro).
Educación y Arte: Como el objeto de las reducciones era enseñar la doctrina cristiana, la
educación, la catequización, la enseñanza en las escuelas y el arte estuvieron orientados hacia esa finalidad.
Iniciar a los guaraníes en los valores cristianos no fue sencillo para los padres misioneros, ya que debieron desterrar la hechicería y la poligamia, prácticas ancestrales de la cultura guaraní. Con mucho ingenio, los curas, para hacer comprensible sus enseñanzas se valieron del canto, la pintura, el teatro, la escultura y la danza.
A la escuela de primeras letras acudían los niños desde los 6 años. Aprendían a leer y escribir en guaraní. A los hijos de los caciques y autoridades comunales se les enseñaba además castellano y latín. La enseñanza se completaba con nociones de religón, urbanidad, aritmética y música. Las niñas aprendían costura, tejido y bordado.
En los primeros tiempos los maestros fueron los curas, hasta que se formaron los maestros indígenas.
En el arte jesuítico-guaraní prevaleció el tema religioso-cristiano. Los modelos que llegaban eran europeos. Los guaraníes fueron excelentes copistas de las estampas, dibujos, grabados e imágenes que llegaban.
Para las tallas en madera utilizaban el cedro, jacarandá y otras maderas nobles de la región.
Todo el arte se inscribió dentro de la corriente general de la época: el barroco.
Los guaraníes poseían una inclinación natural hacia la música, que junto con el rezo y la danza formaba parte del ritual religioso. Todas las iglesias tenían de 30 a 40 músicos. Los que no tenían buena voz, aprendían algún instrumento y los tocaban con mucha destreza: arpas, violines, espinetas, bajones, chirimías, clarines; al principio por enseñanza de los padres y luego con maestros indios.
La expulsión de los Jesuítas y Decadencia: El Rey Carlos III de España, firmó el Decreto de expulsión de los Jesuítas de los dominios españoles en 1767, pero recién se ejecutó en las Misiones en 1768.
A partir de esa fecha, el sistema se quebró abruptamente.
Las Ordenanzas del Gobernador de Buenos Aires Bucarelli separaban la atención espiritual de lo temporal.
La primera a cargo de sacerdotes mercedarios, dominicos y franciscanos que hablaban la lengua guaraní.
Lo temporal a cargo de administradores laicos que introdujeron el comercio con el exterior y liberaron progresivamente a los naturales del régimen de comunidad de bienes.
La decadencia demográfica estuvo íntimamente vinculada con la ruina material. Con la nueva administración se notaba la impericia de los administradores locales; "la mayoría ignoraba el manejo de caudales, desconocían lo que era la agricultura y las fábricas y no sabían ajustar una cuenta, todos requisitos escenciales para el cargo".
A esto se sumaba el despilfarro de los productos acumulados en los almacenes. Lo poco que se lograba exportar, apenas daba para impuestos y salarios de los administradores y sacerdotes; no quedaba nada para provecho de los indios. Estos disconformes desertaban de las reducciones y el trabajo se volvía excesivo para los que permanecían. Otros factores de disminución poblacional fueron la desnutrición y las epidemias de viruela.
Con poca gente, las casas quedaban desocupadas. Los techos de tejas no se reparaban y la lluvia infiltrada pudría el maderamen y los tejados no tardaban en derrumbarse.
El año más funesto para ésta reducción y otras (Candelaria, Santa Ana, San Ignacio y Corpus) fue 1817, cuando tropas paraguayas invadieron, saquearon y quemaron estas reducciones, llevándose en carretas, dice el P. Hernández, "cuanto objeto de valor pudieran hallar" al Paraguay.
Lentamente la vegetación fue avanzando sobre todo el conjunto abandonado.
Situación actual de los vestigios: El casco urbano se conserva notablemente.
El Templo poseía paredes íntegras de piedra, con estructuras de madera. Los muros poseen una altura de seis a ocho metros. Se destacan las paredes exteriores y las escalinatas de acceso.
La Residencia o Colegio y los Talleres poseían basamentos en piedras con paredes de adobes, que hoy pueden observarse en forma de montículos. Es notable la escalinata de acceso al Colegio.
El Cementerio, que conserva aún sus límites, está ocupado por un cementerio moderno, aunque en desuso.
Del Cotyguazú se conservan montículos, pisos y columnas.
El muro perimetral de la Huerta está bien conservado, y se caracteriza por el peculiar remate que se desarrolla en toda su parte superior.
Cuenta con un:
Centro de Visitantes inaugurado en Septiembre de l997.
Entre sus dependencias nombramos: Boletería, Museo, Mini bar, Sanitarios, Taller y depósito para material arqueológico y Habitaciones para arqueólogos.
Horario de atención: 7,00 a 19,00 horas, de lunes a lunes.
Croquis: Programa Misiones Jesuíticas - Misiones - Argentina. Direccion General de Patrimonio Cultural y Sitios Históricos. Secretaría de Estado de Cultura. 1993.
Bibliografía: Carvallo, Casiano N.: "Síntesis de historia de la Provincia de Misiones". Ediciones Montoya 1980.
Gutiérrez, Ramón: Tipologías urbanas de la misiones jesuíticas - "La arquitectura de las
misiones como mensaje" - Facultad de Humanidades -1995.
Brabo, Francisco J.: "Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los
jesuítas, etc."- Madrid 1872.
Amable María A., Dohmann Karina, Rojas Liliana M.: "Historia misionera una perspectiva integradora". Ediciones Montoya 1996.
Zárate Emilce A., Cambas Graciela, Cabral Arrechea Salvador, Maggi Gustavo: "Conjuntos
jesuíticos de guaraníes en la Provincia de Misiones" - Dirección General de Cultura - 1985.
González, Mary Edith: "Reducción jesuítica de guaraníes de Santa Ana" del Boletín de la Junta de Estudios Históricos de Misiones - Año 1997 - 1º Semestre - Edición especial dedicada al
patrimonio jesuítico de Santa Ana - Misones.
"Plan Director" para el rescate, conservación y recuperación integral de las
misiones jesuíticas de la Provincia de Misiones - Argentina. Programa misiones
jesuíticas -
Secretaría de Estado de Cultura - 1995.
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Reducción
Jesuítica Nuestra Señora de Loreto
Ubicación: Departamento Candelaria - Provincia de Misiones - Argentina -
Latitud S 27º 20' - Longitud O 55º 32'.
Acceso: A 55 km. de Posadas desde la Ruta Nacional 12 por camino vecinal consolidado (2.500 metros).
Situación dominal: 100% fiscal.
Status legal:
Monumento Histórico Nacional (1.983) - Decreto Nº 2210
Monumento histórico Provincial (1.969) - Ley Nº 510
Patrimonio de la Humanidad (1.984) - UNESCO
Nombre: Nuestra Señora de Loreto.
Fundación y Traslados: La primera reducción fue fundada en 1610 por los Padres José Cataldino y Simón Masseta, en el Guayrá, en la ribera
izquierda del río Pirapó. Emigra en 1631 junto con San Ignacio y otros pueblos conducidos por el Padre Antonio Ruiz de Montoya a las márgenes del arroyo Yabebirí.
Después de algunos asientos provisionales, se establece, en 1686 en el lugar donde hoy quedan los restos de sus ruinas.
Gobierno civil y eclesiástico: Los curas eran los administradores de los bienes de los indios y atendían todo lo concerniente a lo espiritual, temporal,
económico, cultural, social y militar.
El Cabildo era la autoridad máxima en cada reducción y estaba compuesto por los caciques. Los curas mantuvieron la institución tradicional guaraní del cacicazgo.
En conjunto, la reducción dependía: del Gobernador de Buenos Aires, de la Real Audiencia de Charcas, del Virrey del Perú y del Rey de España.
El cura y un compañero de cura dependían: directamente del Superior de las Misiones que residía en Candelaria, e indirectamente del Padre Provincial que residía en Córdoba.
Trazado urbanístico de la reducción: En la etapa de fundación y traslados, los pueblos se construían sin una definición muy precisa en lo urbano; la construcción fue precaria y simple, en adobe, tapia y paja. Recién a fines del siglo XVII, luego de la derrota de los bandeirantes en la batalla de MBORORÉ en 1641, comienzan tiempos de seguridad y estabilidad. Es la etapa de los asentamientos definitivos, donde cada ciudad se
organiza conforme a un cuidadoso proyecto urbanístico, donde las edificaciones son de piedra y maderas de ley.
Los elementos constitutivos de la trama urbana son: la plaza, el núcleo principal (templo, colegio, cementerio), las viviendas indígenas, las calles y otras edificaciones.
Los años en que Loreto se anticipó a otros pueblos en la ocupación de su emplazamiento definitivo explican las diferencias en su trazado urbano.
El templo situado en uno de los lados de la plaza - miraba al este - como en los demás, pero sus patios de residencia, talleres y huerta tenían una disposición distinta que en los otros pueblos.
Los talleres se ubican detrás de la residencia o colegio y la huerta al costado de la residencia y los talleres.
La plaza: Constituía el elemento ordenador del espacio urbano. Cercada por tres de sus lados por las tiras de viviendas indígenas, mientras que el cuarto lado definía sus límites con el núcleo principal.
El suelo era de tierra (no de césped), era el gran escenario donde se aseguraba la participación y la persuación. Allí se concentaban todas las celebraciones cívicas y religiosas.
Las calles: Estaban ornamentadas con naranjales.
El Templo: Fue construído por el Hermano José Brasanelli (1691-1726), el primer arquitecto de
verdadera valía en el Río de la Plata.
La iglesia, de estilo barroco, de 62,25 mts. por 24,90 mts. nos habla el P. Jaime Oliver
en éstos términos: "La de Loreto es nueva, grande, con su media naranja bien pintada, con algunos pasos de la historia de David. El altar mayor es obra prima, muy grave, hermoso, con diez estatuas primorosas; los cuatro retablos colaterales con muy hermosas estatuas".
Según los Inventarios de 1768, las paredes de la iglesia eran de piedras, techo de madera cubierta de tejas y forrado de tablas en medio punto, pintado y dorado desde el crucero al altar mayor; pórtico con su gradería de piedra, y sobre la puerta principal una estatua de Nuestra Señora.
Púlpito y su escalera de madera, asidos de su pie dos ángeles de madera tallada, pintada y dorada.
Tres confesionarios de madera, tallados y pintados. Un órgano y dos atriles para música. Cuatro bancos de madera con espaldar para el cabildo.
En el lugar inmediato al altar de las ruinas de la iglesia, descansan los restos mortales del Padre Antonio Ruiz de Montoya, y de los Padres José Serrano y Juan Bautista Neuman.
Capilla de la Virgen: Esta capilla no estaba en el núcleo central, sino en las inmediaciones.
Capilla del Monte del Calvario: A mil trescientos metros aproximadamente de la plaza, en la cumbre de un cerro de 200 metros, se encuentran vestigios de una capilla.
Tenía un campanario y era el mejor edificio en los alrededores. En la época jesuítica el cerro era conocido como "Monte del Calvario".
Desde el pueblo se llegaba a la capilla por una vía procesional ornamentada con naranjos.
Colegio o Residencia: El Inventario de 1768 describe: "La casa o Colegio edificado en doscientas varas (166mts.) de largo y ciento (83mts.) de ancho, poco mas o menos, contiguo con la iglesia.
En el primer patio, diez y siete cuartos, que sirven de habitaciones y almacenes, y en seis de ellos hay mesas y estantes para libros. En dicho patio, el campanario con once campanas grandes y chicas, inclusas las que están en la capilla de Loreto".
Huerta: Del Inventario de 1768 se obtiene la siguiente información: "La huerta cercada de pared de piedra, poblada de árboles, plantas y verduras, y una casita para pólvora que, reconocida se halló en cuatro tinajitas como tres arrobas de dicha pólvora, de inferior calidad".
Los talleres: Contaban con cocina, panadería, carpintería, herrería, platería y presumiblemente en el local más extenso, estaban los telares y tenían su correspondiente patio de los talleres.
Las viviendas de los indios: Se ubicaban de manera paralela a los lados de la plaza y en hileras hacia la perifería.
Siete a doce unidades o habitaciones constituían una "manzana", que organizada como un elemento cerrado estaba rodeada de galerías perimetrales.
Como otras edificaciones nombramos:
Los tambos, ubicados libremente. Las carnicerías o "rastros" junto a la huerta. Frecuentemente se repartía la carne a los indígenas en el segundo patio. Olerías y galpones ubicados en la perifería del pueblo. Había ermitas. El reloj de sol estaba en la huerta, cerca de la galería de la residencia.
La Economía: Se sustentaba en la agricultura, la recolección de miel, la cría de ganado, la industria, las artesanías y el comercio.
Se cutivaba maíz, mandioca, batata dulce, caña de azúcar y legumbres con destino a la alimentaciòn.
Algodón para obtener el hilo y el lienzo. Tabaco.
Muy importante pasó a ser el cultivo de la yerba mate, que en un principio se cosechaba de los yerbales silvestres muy apartados de las reducciones. La yerba era el producto de venta necesario para sufragar los impuestos anuales al Rey.
Existía en la reducción un régimen agrícola-mixto. A cada familia indígena se le otorgaba una parcela de tierra para el cultivo que era denominada abá-mbaé o "propiedad del indio", la explotación de la misma era controlada por los misioneros quienes vigilaban que los indios sembrasen y cosechasen sus productos.
La parte de tierras pertenecientes a la colectividad era llamada Tupá-mbaé o "propiedad de Dios". Los indios cultivaban por turnos en estos terrenos comunales y se les pagaba en especie. Los productos eran destinados para cubrir necesidades de la comunidad, pagar el tributo al Rey, sostener a los misioneros, incapacitados, enfermos, viudas, huérfanos, socorrer a los pueblos vecinos en dificultades.
El producto de la ganadería, la yerba, cosechas comunitarias y trabajos manuales ingresaba al Tupambaé, que se encargaba de la exportación y venta.
Del inventario de la expulsión (1768) tenemos información sobre el ganado de la estancia grande: vacunos: 30.000 cabezas, yeguas, potros y potrancas: 2.000, ovejas:1.000, burros y burras: 222, etc.
En la otra estancia menor, nombrada San Antonio: yeguas y sus crías: 770, etc.
Ante la necesidad de una serie de artículos para uso y consumo interno de los pueblos, los jesuítas establecieron los talleres, donde los guaraníes aprendieron una serie de oficios: carpintería, fabricación de vajilla, hornos para cocer tierra, fundición de metales, tejeduría de algodón, confección de sombreros, instrumentos musicales, etc.
En las reducciones no circulaba dinero, por lo que los jesuítas fijaron el valor de cambio para cada producto en el interior de la Provincia, era una unidad monetaria ficticia, el peso hueco(vacío); en base a él se cotizaban los productos. La unidad de peso era la arroba (10,50 kg. aproximadamente) y la unidad lineal era la vara (0,83 metro).
Educación y Arte: Como el objeto de las reducciones era enseñar la doctrina cristiana, la eduación, la catequización, la enseñanza en las escuelas y el arte estuvieron orientados hacia esa finalidad.
Iniciar a los guaraníes en los valores cristianos no fue sencillo para los padres misioneros, ya que debieron desterrar la hechicería y la poligamia, prácticas ancestrales de la cultura guaraní. Con mucho ingenio, los curas, para hacer comprensible sus enseñanzas se valieron del canto, la pintura, el teatro, la escultura y la danza.
A la escuela de primeras letras acudían los niños desde los 6 años. Aprendían a leer y escribir en guaraní. A los hijos de los caciques y autoridades comunales se les enseñaba además castellano y latín. La enseñanza se completaba con nociones de
religión, urbanidad, aritmética y música. Las niñas aprendían costura, tejido y bordado.
En los primeros tiempos los maestros fueron los curas, hasta que se formaron los maestros indígenas.
En el arte jesuítico-guaraní prevaleció el tema religioso-cristiano. Los modelos que llegaban eran europeos. Los guaraníes fueron excelentes copistas de las estampas, dibujos, grabados e imágenes que llegaban.
Para las tallas en madera utilizaban el cedro, jacarandá y otras maderas nobles de la región.
Todo el arte se inscribió dentro de la corriente general de la época: el barroco.
Los guaraníes poseían una inclinación natural hacia la música, que junto con el rezo y la danza formaba parte del ritual religioso. Todas las iglesias tenían de 30 a 40 músicos. Los que no tenían buena voz, aprendían algún instrumento y los tocaban con mucha destreza: arpas, violines, espinetas, bajones, chirimías, clarines; al principio por enseñanza de los padres y luego con maestros indios.
Imprenta: Loreto es la cuna imperecedera de la imprenta argentina.
La imprenta fue confeccionada localmente por los padres Juan Bautista Neuman y José Serrano, quienes lograron imprimir los caracteres móviles. La prensa y el soporte fueron hechos con madera de la región y los caracteres fundidos en plomo y estaño.
Se trataba de una imprenta itinerante, que se instalaba en Loreto, Santa María La Mayor o San Javier, según lo requerían los trabajos de impresión.
La primera obra publicada fue el "Martirologio Romano" en 1700, le seguían varias obras de carácter religioso, medicina, etc.
La expulsión de los Jesuítas y Decadencia: El Rey Carlos III de España, firmó el Decreto de expulsión de los Jesuítas de los dominios españoles en 1767, pero recién se ejecutó en las Misiones en 1768.
A partir de esa fecha, el sistema se quebró abruptamente.
Las Ordenanzas del Gobernador de Buenos Aires Bucarelli separaban la atención espiritual de lo temporal.
La primera a cargo de sacerdotes mercedarios, dominicos y franciscanos que hablaban la lengua guaraní.
Lo temporal a cargo de administradores laicos que introdujeron el comercio con el exterior y liberaron progresivamente a los naturales del régimen de comunidad de bienes.
La decadencia demográfica estuvo íntimamente vinculada con la ruina material. Con la nueva administración se notaba la impericia de los administradores locales; "la mayoría ignoraba el manejo de caudales, desconocían lo que era la agricultura y las fábricas y no sabían ajustar una cuenta, todos requisitos escenciales para el cargo".
A esto se sumaba el despilfarro de los productos acumulados en los almacenes. Lo poco que se lograba exportar, apenas daba para impuestos y salarios de los administradores y sacerdotes; no quedaba nada para provecho de los indios. Estos disconformes desertaban de las reducciones y el trabajo se volvía excesivo para los que permanecían. Otros factores de disminución poblacional fueron la desnutrición y las epidemias de viruela.
Con poca gente, las casas quedaban desocupadas. Los techos de tejas no se reparaban y la lluvia infiltrada pudría el maderamen y los tejados no tardaban en derrumbarse.
El año más funesto para ésta reducción y otras (Candelaria, Santa Ana, San Ignacio y Corpus) fue 1817, cuando tropas paraguayas invadieron, saquearon y quemaron estas reducciones, llevándose en carretas, dice el P. Hernández, "cuanto objeto de valor pudieran hallar" al Paraguay.
Lentamente la vegetación fue avanzando sobre todo el conjunto abandonado.
Situación actual de los vestigios: La planimetría de Loreto presenta una gran similitud con la de Santa María la Mayor y San Carlos. El trazado de la Reducción presenta notables diferencias con las vecinas reducciones de Santa Ana, Candelaria, San Ignacio y Corpus. Estas diferencias se observan también en los materiales y técnicas utilizadas en la construcción.
Las tiras de viviendas que delimitan la plaza conservan en Loreto muros de mayor altura.
El Templo evidencia restos de paredes compuestas de piedra, piedra y adobes y piedra y tapia. Conserva hacia la galería del Colegio una columnata de mampostería de arenisca. El basamento del Campanario, ubicado en el patio de la Residencia, es único por su monumentalidad. La fachada del Templo se halla totalmente caída sobre el atrio, el cual se compone de varias escalinatas labradas en arenisca.
Los Talleres presentan muros de mampostería de asperón en el lado oeste.
En la Huerta se observan los cimientos y canalizaciones de las letrinas.
En el límite sur del predio se hallan dos importantes construcciones: el Cotyguazú y la Capilla de la Vírgen de Loreto. En el caso del primero los vestigios se conservan en su totalidad. Se trata de muros de itacurú, arensica y adobes.
Respecto a la Capilla Nuestra Señora de Loreto, los restos evidencian una monumentalidad excepcional. Sobre una plataforma elevada, a la que se accede por una escalinata de asperón desde una plazuela, se hallan los restos de la Capilla.
Este conjunto conserva en forma integral y homogénea prácticamente todo el núcleo central del antiguo pueblo.
Cuenta con un:
Centro de Visitantes inaugurado en Septiembre de l997.
Entre sus dependencias nombramos: boletería, museo, mini bar, sanitarios, taller y depósito para material arqueológico y
habitaciones para arqueólogos.
Horario de atención: 7,00 a 19,00 horas, de lunes a lunes.
Croquis: Programa misiones jesuíticas - Secretaría de Estado de Cultura - 1995.
Reducción Nuestra Señora de Loreto - Loreto - Misiones.
Fotografías: Programa Misiones Jesuíticas
Bibliografía: Carvallo, Casiano N.: "Síntesis de historia de la Provincia de Misiones". Ediciones Montoya 1980.
Gutiérrez, Ramón: Tipologías urbanas de las misiones jesuíticas - "La arquitectura de las
misiones como mensaje" - Facultad de Humanidades -1995.
Brabo, Francisco J.: "Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los
jesuítas, etc."- Madrid 1872.
Amable María A., Dohmann Karina, Rojas Liliana M.: "Historia misionera una perspectiva integradora". Ediciones Montoya 1996.
Zárate Emilce A., Cambas Graciela, Cabral Arrechea Salvador, Maggi Gustavo: "Conjuntos
jesuíticos de guaraníes en la Provincia de Misiones" - Dirección General de Cultura - 1985.
"Plan Director" para el rescate, conservación y recuperación integral de las
misiones jesuíticas de la Provincia de Misiones - Argentina. Programa Misiones Jesuíticas - Secretaria de Estado de Cultura - 1995.
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Reducción
Jesuítica Santa María La mayor
Ubicación: Departamento
San Javier-Itacaruaré - Provincia de Misiones - Argentina -
Latitud S 27º 33' - Longitud O 55º 31'.
Acceso: A 120 km. de Posadas por las Rutas Nros.105/ 201/ 1/ 2.
Situación dominal: En usufructo fiscal- compromiso donación (100%).
Status legal:
Monumento Histórico Nacional (1.945) - Decreto Nº 31.453
Patrimonio Cultural provincial (1.980) -Ley Nº 1.280
Patrimonio de la Humanidad (1.984) - UNESCO
Nombre: Santa María La Mayor.
Fundación y Traslados: Fundada en 1.626 por el Padre Diego de Boroa al oriente del río Paraná, "sobre la horqueta misma que forma el río Iguazú". Tempranamente fue trasladada hacia la margen occidental del río Uruguay, porque la persecución de los bandeirantes comenzaba a intensificarse en el área, poniendo en peligro la vida de la población. En 1633 se ubicó en las cercanías de la reducción de los Santos Mártires del Japón y posteriormente a fines del siglo XVII se trasladó al actual emplazamiento, en donde permaneció hasta su destrucción (saqueo e incendio), ocurrido en 1.817 durante las invasiones portuguesas al mando del brigadier Chagas.
Gobierno civil y eclesiástico: Los curas eran los administradores de los bienes de los indios y atendían todo lo concerniente a lo espiritual, temporal,
económico, cultural, social y militar.
El Cabildo era la autoridad máxima en cada reducción y estaba compuesto por los caciques. Los curas mantuvieron la institución tradicional guaraní del cacicazgo.
En conjunto, la reducción dependía: del Gobernador de Buenos Aires, de la Real Audiencia de Charcas, del Virrey del Perú y del Rey de España.
El cura y un compañero de cura dependían: directamente del Superior de las Misiones que residía en Candelaria, e indirectamente del Padre Provincial que residía en Córdoba.
Trazado urbanístico de la reducción: En la etapa de fundación y trasados, los pueblos se construían sin una definición muy precisa en lo urbano; la construcción fue precaria y simple, en adobe, tapia y paja. Recién a fines del siglo XVII, luego de la derrota de los bandeirantes en la batalla de MBORORÉ en 1641, comienzan tiempos de seguridad y estabilidad. Es la etapa de los asentamientos definitivos, donde cada ciudad se
organiza conforme a un cuidadoso proyecto urbanístico, donde las edificaciones son de piedra y maderas de ley.
Los elementos constitutivos de la trama urbana son: la plaza, el núcleo principal (templo, colegio, cementerio), las viviendas indígenas, las calles y otras edificaciones.
El trazado urbano de Santa María La Mayor es diferente al habitual, similar al de Loreto. En lugar de sucederse a lo largo de uno de los lados de la plaza, los patios fueron dispuestos uno detrás del otro y a un costado, la huerta; de forma tal que los aposentos de la casa del padre dieran hacia la huerta.
La plaza: Constituía el elemento ordenador del espacio urbano. Cercada por tres de sus lados por las tiras de viviendas indígenas, mientras que el cuarto lado definía sus límites con el núcleo principal.
El suelo era de tierra (no de césped), era el gran escenario donde se aseguraba la participación y la persuación. Allí se
concentraban todas las celebraciones cívicas y religiosas.
Las calles: Estaban ornamentadas con naranjales.
El Templo: En 1738 un incendio destruyó el Templo. Según Azara, el accidente que ocacionó el incendio fueron los preparativos para las fiestas patronales.
Se improvisó un templo provisorio apeando muros divisorios de varios locales que separaban el patio de la Residencia del patio de los talleres. Se logró un recinto de
cuarenta metros de largo por quince metros de ancho. Un local hizo de sacristía.
Para el acceso a este nuevo templo, fue necesario trasladar el cementerio hacia el oeste, creando un apéndice de la plaza abierto hacia el callejón (plazoleta de acceso). Por las dos entradas principales a la reducción no se podía acceder directamente al templo provisiorio.
Según los Inventarios de 1768, "la iglesia, que es pobre por ser de prestado, en uno de los lienzos o lados del patio segundo tiene cinco altares; el altar mayor tiene su retablo y sagrario dorado; en el medio, en su nicho, tiene una estatua, asimismo dorada de Santa María la Mayor, su titular y patrona, con su cortina de raso blanco. A los dos lados, dos estatuas de medio cuerpo, la una de San Ignacio de Loyola, y la otra de San Francisco Javier". Había también en la iglesia piezas de plata, ornamentos y demás alhajas pertenecientes a la iglesia.
"En el Baptisterio, una estatua grande traida de Europa, de la Santísima Vírgen con el niño Jesús en los brazos, su pila de bautismo y una tinaja vidriada para guardar el agua consagrada".
El Cementerio: Fue trasladado después del incendio del templo, para permitir el acceso al templo provisiorio. No tenía acceso desde las dos calles principales del pueblo, sino desde una plazoleta apéndice de la plaza principal.
Tenía una capilla con un Santo Cristo Grande en su cruz, un sepulcro del Señor y otros varias estatuas.
Colegio o Residencia: El Inventario de 1768 describe: "tiene la casa de los Padres dos patios y una huerta de hortalizas, con
algunos árboles frutales de naranjos y duraznos, etc.
El patio principal donde estuvo la iglesia grande, que hace más de treinta años que se quemó, tiene doce
cuartos o aposentos buenos, de los cuales en los seis que sirven de ordinaria vivienda hay una mesa con su estante para libros. Dos candeleros de metal o cobre.
En el patio segundo tiene la iglesia de prestado, que sirve al presente".
Huerta: Del Inventario de 1768 se obtiene la siguiente información: "tres huertas de árboles frutales, la una con capilla de Santa María.
Las viviendas de los indios: Se ubicaban de manera paralela a los lados de la plaza y en hileras hacia la
periferia.
Siete a doce unidades o habitaciones constituían una "manzana", que organizada como un elemento cerrado estaba rodeada de galerías perimetrales.
Como otras edificaciones nombramos:
"Una cárcel con tres cuartos o aposentos.
Una casa de recogidas (o Cotyguazú).
Dos capillas en el campo junto al pueblo".
Un tajamar a la entrada del pueblo.
Los tambos, ubicados libremente. Las carnicerías o "rastros" junto a la huerta. Frecuentemente se repartía la carne a los indígenas en el segundo patio. Olerías y galpones ubicados en la perifería del pueblo.
La Economía: Se sustentaba en la agricultura, la recolección de miel, la cría de ganado, la industria, las artesanías y el comercio.
Se cutivaba trigo, maíz, mandioca, batata dulce, caña de azúcar y legumbres con destino a la alimentaciòn.
Algodón para obtener el hilo y el lienzo. Tabaco.
Muy importante pasó a ser el cultivo de la yerba mate, que en un principio se cosechaba de los yerbales silvestres muy apartados de las reducciones. La yerba era el producto de venta necesario para sufragar los impuestos anuales al Rey.
Existía en la reducción un régimen agrícola-mixto. A cada familia indígena se le otorgaba una parcela de tierra para el cultivo que era denominada abá-mbaé o "propiedad del indio", la explotación de la misma era controlada por los misioneros quienes vigilaban que los indios sembrasen y cosechasen sus productos.
La parte de tierras pertenecientes a la colectividad era llamada Tupá-mbaé o "propiedad de Dios". Los indios cultivaban por turnos en estos terrenos comunales y se les pagaba en especie. Los productos eran destinados para cubrir necesidades de la comunidad, pagar el tributo al Rey, sostener a los misioneros, incapacitados, enfermos, viudas, huérfanos, socorrer a los pueblos vecinos en dificultades.
El producto de la ganadería, la yerba, cosechas comunitarias y trabajos manuales ingresaba al Tupambaé, que se encargaba de la exportación y venta.
Del inventario de la expulsión (1768) tenemos información que este pueblo tenía dos estancias grandes alejadas y una estanzuela junto al pueblo. en dichas estancias había ganado vacuno, bueyes mansos, ovejas, carneros, caballos, yeguas, burros, mulas y puercos.
Ante la necesidad de una serie de artículos para uso y consumo interno de los pueblos, los jesuítas establecieron los talleres, donde los guaraníes aprendieron una serie de oficios: carpintería, fabricación de vajilla, hornos para cocer tierra, fundición de metales, tejeduría de algodón, confección de sombreros, instrumentos musicales, etc.
En las reducciones no circulaba dinero, por lo que los jesuítas fijaron el valor de cambio para cada producto en el interior de la Provincia, era una unidad monetaria ficticia, el peso hueco(vacío); en base a él se cotizaban los productos. La unidad de peso era la arroba (10,50 kg. aproximadamente) y la unidad lineal era la vara (0,83 metro).
Educación y Arte:
Como el objeto de las reducciones era enseñar la doctrina cristiana, la educación, la catequización, la enseñanza en las escuelas y el arte estuvieron orientados hacia esa finalidad.
Iniciar a los guaraníes en los valores cristianos no fue sencillo para los padres misioneros, ya que debieron desterrar la hechicería y la poligamia, prácticas ancestrales de la cultura guaraní. Con mucho ingenio, los curas, para hacer comprensible sus enseñanzas se valieron del canto, la pintura, el teatro, la escultura y la danza.
A la escuela de primeras letras acudían los niños desde los 6 años. Aprendían a leer y escribir en guaraní. A los hijos de los caciques y autoridades comunales se les enseñaba además castellano y latín. La enseñanza se completaba con nociones de
religión, urbanidad, aritmética y música. Las niñas aprendían costura, tejido y bordado.
En los primeros tiempos los maestros fueron los curas, hasta que se formaron los maestros indígenas.
En el arte jesuítico-guaraní prevaleció el tema religioso-cristiano. Los modelos que llegaban eran europeos. Los guaraníes fueron excelentes copistas de las estampas, dibujos, grabados e imágenes que llegaban.
Para las tallas en madera utilizaban el cedro, jacarandá y otras maderas nobles de la región.
Todo el arte se inscribió dentro de la corriente general de la época: el barroco.
Los guaraníes poseían una inclinación natural hacia la música, que junto con el rezo y la danza formaba parte del ritual religioso. Todas las iglesias tenían de 30 a 40 músicos. Los que no tenían buena voz, aprendían algún instrumento y los tocaban con mucha destreza: arpas, violines, espinetas, bajones, chirimías, clarines; al principio por enseñanza de los padres y luego con maestros indios.
Imprenta:
En sus talleres gráficos se imprimieron varias obras, desde 1724 a 1727, con la prensa traída desde Loreto. Entre ellas el "Vocabulario de la lengua guaraní" del Padre Antonio Ruiz de Montoya.
La expulsión de los Jesuítas y Decadencia:
El Rey Carlos III de España, firmó el Decreto de expulsión de los Jesuítas de los dominios españoles en 1767, pero recién se ejecutó en las Misiones en 1768.
A partir de esa fecha, el sistema se quebró abruptamente.
Las Ordenanzas del Gobernador de Buenos Aires Bucarelli separaban la atención espiritual de lo temporal.
La primera a cargo de sacerdotes mercedarios, dominicos y franciscanos que hablaban la lengua guaraní.
Lo temporal a cargo de administradores laicos que introdujeron el comercio con el exterior y liberaron progresivamente a los naturales del régimen de comunidad de bienes.
La decadencia demográfica estuvo íntimamente vinculada con la ruina material. Con la nueva administración se notaba la impericia de los administradores locales; "la mayoría ignoraba el manejo de caudales, desconocían lo que era la agricultura y las fábricas y no sabían ajustar una cuenta, todos requisitos
esenciales para el cargo".
A esto se sumaba el despilfarro de los productos acumulados en los almacenes. Lo poco que se lograba exportar, apenas daba para impuestos y salarios de los administradores y sacerdotes; no quedaba nada para provecho de los indios.
Éstos, disconformes, desertaban de las reducciones y el trabajo se volvía excesivo para los que permanecían. Otros factores de disminución poblacional fueron la desnutrición y las epidemias de viruela.
Con poca gente, las casas quedaban desocupadas. Los techos de tejas no se reparaban y la lluvia infiltrada pudría el maderamen y los tejados no tardaban en derrumbarse.
El año más funesto para esta reducción fue 1817, cuando tropas portuguesas, por órdenes del brigadier Chagas saquearon y quemaron estas reducciones.
Lentamente la vegetación fue avanzando sobre todo el conjunto abandonado.
Situación actual de los vestigios:
Los vestigios existentes corresponden a un pequeño pueblo jesuítico a medio hacer.
Los restos del Templo que se observan corresponden a una Iglesia provisoria que se había instalado a partir de la adecuación de parte de la Residencia, debido a que le Templo original se había incendiado en 1.735. Esta solución cambió la fisonomía del pueblo, al correrse el cementerio de su posicion original y al generarse un apéndice en la Plaza Central.
La Residencia y los Talleres conservan gran parte de sus muros. En uno de los locales de la Residencia se ha instalado una Capilla moderna, que es utilizada en la actualidad.
El Cementerio y la Huerta conservan gran parte de sus muros perimetrales.
En la periferia de las ruinas se conservan importantes restos de Capillas, tajamares, zanjas, caminos y restos de establecimientos de campo.
En la Plaza se hallan los cimientos de una escuela que funcionó en la primera mitad del siglo XX. También en una de las esquinas funcionó un Cementerio a fines del siglo XIX y comienzos del siglo XX.
Cuenta con un:
Centro de Visitantes inaugurado en Septiembre de l997.
Entre sus dependencias nombramos: boletería, museo, mini bar, sanitarios, taller y depósito para material arqueológico y
habitaciones para arqueólogos.
Horario de atención: 7,00 a 19,00 horas, de lunes a lunes.
Croquis: Programa misiones jesuíticas - Secretaría de Estado de Cultura - 1995.
Bibliografía: Carvallo, Casiano N.: "Síntesis de historia de la Provincia de Misiones". Ediciones Montoya 1980.
Gutiérrez, Ramón: Tipologías urbanas de la misiones jesuíticas - "La arquitectura de las
misiones como mensaje" - Facultad de Humanidades -1995.
Brabo, Francisco J.: "Inventario de los bienes hallados a la expulsión de los
jesuítas, etc."- Madrid 1872.
Amable María A., Dohmann Karina, Rojas Liliana M.: "Historia misionera una perspectiva integradora". Ediciones Montoya 1996.
Zárate Emilce A., Cambas Graciela, Cabral Arrechea Salvador, Maggi Gustavo: "Conjuntos
jesuíticos de guaraníes en la Provincia de Misiones" - Dirección General de Cultura - 1985.
"Plan Director" para el rescate, conservación y recuperación integral de las
misiones jesuíticas de la Provincia de Misiones - Argentina. Programa Misiones Jesuíticas - Secretaria de Estado de Cultura - 1995.
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